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miércoles, 3 de agosto de 2016

Rafael Esquivel no acudió a la corte porque no tenía dinero para pagar su boleto de avión a Nueva York

Por Maibort Petit
@maibortpetit

Aunque parezca una broma, el expresidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel se excusó ante el juez Raymond Dearie de no acudir a la audiencia colectiva que tuvo lugar este miércoles 3 de agosto, a las 11 AM en la Corte Federal de Distrito Este de Nueva York, porque -supuestamente- no tenía dinero para pagar el pasaje de avión desde Miami a Nueva York, y los viáticos del viaje. 

Esquivel envió a su abogado en representación a la cita conjunta donde el juez Dearie anunció que el juicio de los ocho acusados ​​podría realizarse entre septiembre a octubre de 2017. Entre los enjuiciados, además de Esquivel, se encuentran: Eduardo Li, de Costa Rica, Julio Rocha de Nicaragua, José María Marín de Brasil y Juan Ángel Napout del Paraguay. Igualmente el ejecutivo de marketing, Aaron Davidson y Héctor Trujillo, un juez de Guatemala y el ex funcionario del fútbol, Costas Takkas. 


Las acusaciones contra Esquivel 

Rafael Esquivel está siendo acusado por el gobierno de los Estados Unidos de participar en un enorme esquema de corrupción, lavado de dinero,  enriquecimiento ilícito y pago de sobornos. De acuerdo a la acusación de la fiscalía, Esquivel junto Nicolás Leoz y Eugenio Figueredo transfirieron 13.5 millones de dólares a instituciones financieras en la ciudad de Nueva York, Miami y San Francisco. Esto ocurrió entre 2003 y 2008.  La acusación de la fiscal Loretta Lynch señala que ese dinero correspondía a presuntos pagos ilícitos relacionados con la concesión de derechos de mercadeo y transmisión de TV en competiciones de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol).

En el documento se señala que Rafael Esquivel, junto a otros funcionarios, recibieron sobornos por más de 110 millones de dólares en la venta de derechos de Copa América del Centenario. Igualmente Esquivel habría aprovechado la Copa América Venezuela 2007, para sacar beneficios personales. 

Asimismo, Rafael Esquivel habría negociado un millón de dólares de comisión para apoyar a la empresa Traffic en las negociaciones por los derechos de comercialización y transmisión del torneo según explica el documento del gobierno norteamericano. Supuestamente también habría cobrado 700 mil dólares adicionales por los beneficios que dejó el convenio logrado por Traffic y otro millón adicional luego de cuatro años.

El expresidente de la FVF es acusado además de aceptar sobornos de Mariano y Hugo Jinkis, representantes de Full Play Group S.A., para hacer lobby en Conmebol y favorecer a esa empresa en decisiones sobre la venta de derechos en competencias organizadas por el ente y la distribución de sus beneficios. El dinero proveniente de los sobornos fueron depositados, los días 31 de enero, 27 de febrero y 23 de junio de 2014, montos de 50 mil, 250 mil y 400 mil dólares en cuentas del suspendido dirigente de la FVF en UBS, Bank of America y Espirito Santo Bank.

Entre otras referencias, Esquivel fue acusado de beneficiarse de un desembolso de $100 millones provenientes de sobornos por un acuerdo firmado en 2013 por los derechos de las ediciones 2015, 2016, 2019 y 2023 de la Copa América, 20 millones por cada una. 

El documento consignado por la fiscal Lynch dice que entre diciembre de 2013 y agosto de 2014, Esquivel recibió dos millones de dólares en una serie de cuentas bancarias vinculadas al ex zar del fútbol venezolano y a sus familiares.









martes, 7 de junio de 2016

¿Es el diálogo, una salida a la tragedia que vive Venezuela o una simple herramienta para que el régimen gane tiempo?

Por Maibort Petit
@maibortpetit


Frente al incremento de los conflictos sociales, el gobierno ha decidido dar una respuesta militarizada, con lo cual incurre en la violación de los derechos humanos. Es esa la razón por la que el régimen no quiere someterse a un escrutinio.

En los últimos 17 años, la comunidad internacional y los sectores políticos del país han planteado la estrategia del diálogo como método para solventar la crisis de gobernabilidad que vive Venezuela.  El diálogo es el método pacífico -ideal- para disminuir la conflictividad. No obstante, requiere de la buena voluntad de los sectores en pugna.  En la era chavista, todos los intentos de diálogo han fracasado y el actual llamado, parece no ser diferente a los anteriores.

Hay una enorme barrera para concretar un diálogo en el país: El gobierno no quiere dialogar ni acepta ser escrutado. El diálogo sería la vía más factible para un entendimiento nacional pero lamentablemente la cúpula oficial se niega al reconocimiento y al respeto del oponente. 

En Venezuela existe desconfianza entre las partes y ese factor priva para concretar un entendimiento que permita disminuir la conflictividad. Para nadie es un secreto que una amplia mayoría de la sociedad venezolana desconfía del gobierno y de los militares. A su vez, el gobierno desconfía de la oposición y de los sectores sociales empeñados en un cambio democrático. Por su parte, la oposición conoce los verdaderos objetivos del oficialismo y de los "mediadores o facilitadores" escogidos por el régimen para liderar la conciliación.

Si bien recordamos, el primer intento de diálogo se produjo cuando Hugo Chávez estaba al frente del gobierno, con la mediación del colombiano, César Gaviria en la llamada Mesa del Diálogo, cuyos resultados nunca se cumplieron(2002-2003). Luego, hubo otro intento de "diálogo" con el grupo de Unasur encabezado por Ernesto Samper, que tampoco resultó (2014), y ahora con el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero (2016).

Un país descarrillado al borde del abismo

El escenario actual de Venezuela muestra una descomposición social, económica y política cuya solución requiere del esfuerzo de todos los sectores, sin exclusión alguna. Es tan grave el grado de conflictividad que necesariamente todos  aquellos interesados en un cambio real debemos actuar, dejando de lado los intereses particulares para centrarnos en un sólo objetivo: detener la crisis humanitaria que se avecina y la inminente explosión social, que traerá como resultado la actuación de las fuerzas armadas y, por ende, bajas importantes en la población civil.


Hay que hacerlo antes que sea demasiado tarde

Es urgente concretar un verdadero acuerdo nacional en el que prive una sola meta: sacar a Venezuela del abismo y reconstruirla en base a un plan país donde todos extremos se reconozcan, de ta manera que se pueda trabajar en conjunto para recomponer las instituciones. Tenemos que proponernos zanjar las profundas heridas que ha dejado en cada uno de nosotros la experiencia del modelo chavista. 

Un instrumento para quedarse

Frente a la explosiva realidad, el diálogo aparece (para la mayoría del país) como un instrumento usado por el gobierno para ganar tiempo y evitar -a toda costa- que se realice el referendo revocatorio en 2016. La  idea del gobierno es seguir manipulando los actores políticos, presionando para que el colectivo obedezca y acepte la autoridad por la fuerza. Hoy como ayer, el régimen pretende hacerle creer a la comunidad internacional que está dispuesto a "sentarse a dialogar con la oposición" y que los violentos son los del lado contrario.
 La actuación de los jerarcas del régimen refleja que no existe un sentimiento de buena voluntad por parte de quienes ostentan el poder para buscar una salida a la crisis.
Por su parte, la oposición, a pesar de los extraordinarios esfuerzos que se han hecho para fortalecer la unidad,  mantiene sus divisiones (radical, moderada y extremadamente moderada-llamada colaboracionista por algunos) que son propias de la cohesión de varios grupos políticos con visiones diferentes sobre el país. 

Para dialogar, la MUD pide condiciones mínimas que el gobierno rechaza de plano. Frente a los dos bandos en pugnas aparece un mediador cuya objetividad está comprometida, entre otras cosas, porque ha mantenido relaciones políticas y comerciales con gobierno desde hace varios años. La relación de compromiso con el oficialismo anula la posibilidad de José Luis Zapatero para acometer -de manera objetiva- la enorme tarea de sentar al gobierno y a la oposición en una mesa y hacer un esfuerzo para que ambos sectores reconozcan al oponente, los respeten y  acepten dar lo mejor de sí para crear una negociación efectiva para solventar la crisis. 

La naturaleza de la conflictividad política y social que vive el país requiere de medios efectivos para canalizar una resolución del conflicto. 

El no reconocimiento de la oposición por parte del gobierno hace que sea extremadamente difícil que haya diálogo. El gobierno es de naturaleza autoritaria, y por tanto, trata de resolver la crisis a través de la implementación de fuerza.

 No hay solución rápida

La búsqueda de un desenlace inmediato de la tragedia nacional es un anhelo de grupos opositores. ¿Sacar del poder a Maduro y sus colaboradores significaría el fin del conflicto?. Si bien es un factor clave para el remedio, un mero cambio de cúpulas no es la culminación del caos, sino una parte de un proceso de transformación mucho más complejo.

La solución al conflicto venezolano compromete varias generaciones y un arduo trabajo que podría durar varias décadas y cuyo éxito va a depender de varios factores, entre ellos, el compromiso  y la visión del grupo que asuma el poder a futuro y la naturaleza del acuerdo.

El liderazgo político actual y aquél que asuma las riendas de la transición, debe ser responsable al comunicar la magnitud del problema y la complejidad de la solución. La politiquería y la demagogia debe dar paso a la cordura y a la seriedad.




Un acuerdo nacional con gente comprometida con Venezuela

El problema del país va mucho más allá del autoritarismo del régimen y los anhelos de cambio de una población agotada de los abusos reiterados del poder a lo largo de más de tres lustros. El conflicto que vive Venezuela exige un acuerdo nacional sobre un modelo de país diferente al actual, basado en principios diferentes a los fracasados. La solución incluye un alianza entre los sectores civiles, académicos, políticos y, en especial, una concientización de la casta militar, en cuyo seno existe un enorme grado de descomposición, cuyos rangos altos y medios se han acostumbrado al pillaje, a la corrupción y muchos han establecido vínculos con el narcotráfico. 

En estos momentos, las fuerzas armadas están divididas en dos bandos, uno de los cuales está dispuesto a levantar las armas contra el pueblo para evitar el cambio.

Lo posible

Por ahora, hay que seguir apostando a una salida pacífica, constitucional y democrática. Hay que seguir presionando (nacional e internacionalmente) para que se logre un compromiso real para la reconstrucción del país. La gravedad de la situación nos obliga a concertar para evitar lo peor.

Los factores que produjeron el Caracazo, 20 años atrás, están presentes y potenciados en el escenario actual. La masa hambrienta está dispuesta a salir a saquear, y el Estado está listo para aplicar el monopolio de violencia. 

Las Fuerzas Armadas Nacionales parecieran estar dispuestas a masacrar al pueblo.


**** Zanjar las heridas, producto de los odios impulsados por Hugo Chávez y sus sucesores, requiere de tiempo, de re-educación y de un compromiso social  firme y desinteresado. 

****Todo indica que el tiempo se está agotando. No hay concientización por parte de los jerarcas del gobierno y del algunos actores políticos sobre la urgencia de buscar una solución a la crisis. 

****Un diálogo sincero necesita que previamente se acepten condiciones mínimas, tales como: libertad de los presos políticos, cumplimiento de la ley, realización del referendo, aceptación de la ayuda humanitaria, parar la violación de los derechos humanos.

****El oficialismo cerró la ventana al entendimiento, y lejos de bajar la presión, ha tomado acciones que han encendido más el conflicto, haciendo que la situación el país sea inmanejable y se constituya un caldo de cultivo perfecto para otro tipo de peligrosas aventuras .

¿Se requiere la actuación internacional?

Si hace falta un arbitraje internacional. Se necesita con urgencia un mecanismo que obligue al entendimiento, para lo cual es indispensable que los mediadores gocen de la confianza de los sectores en pugna, que a su vez permitan que las partes acepten transigir en pro de la consecución de un acuerdo razonable que implique una convivencia mínima tolerable. 

****Por ahora no hay muestras que oficialismo vaya a cambiar su estrategia perversa de usar la represión, el miedo, el terror, y los ataques de los brazos armados legítimos e ilegítimos, para mantener el poder.

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La experiencia en los últimos años, es que cuando el régimen desea "imponer el diálogo", el resultado es mayor conflictividad. No existe diálogo impuesto. La imposición es un engaño, es el  uso de una valiosa herramienta de la negociación de conflicto para que un bando pueda mantenerse en el poder, ganar tiempo y apostar a que ocurra otro evento que le permita disuadir a la población y retomar el control que por ahora parece haber perdido.






lunes, 5 de marzo de 2012

Venezuela: una encrucijada entre el totalitarismo y la seudodemocracia


A pesar de los esfuerzos propagandísticos del gobierno de Caracas por hacerle creer al mundo que en Venezuela existe una democracia, cada día es más evidente la naturaleza real del régimen personalista, autocrático y de alta tendencia totalitaria de Hugo Chávez.
A lo largo de la historia política contemporánea hemos visto varias experiencias de éste tipo de regímenes políticos que esconden en manipuladores discursos, en políticas medias tintas, y en propaganda bien hecha, su esencia autoritaria, totalitarista y dictatorial. 
El problema de los gobiernos totalitarios y personalistas es que reposan sobre una sola figura que es la que ejerce el poder a su antojo, por lo general, un líder carismático y hablador, que tratan de engañar a los ciudadanos sobre su obra de gobierno. 
Mintiendo, y ayudados por los laboratorios de propaganda, este liderazgo pretende llenarse de gloria con cada uno de sus fracasos, sacando ventaja política de todo lo que hacen  y lo que dejan de hacer.
Estos líderes manipuladores intentan, muhas veces con éxito, cambiar la realidad del país que gobiernan por medio del uso de la psiquis del  colectivo, donde siembra “emocialmente” un ciclo de espeanzas que sólo pueden mantener en base a promesas periódicas que nunca cumplen, pero que  se basan en la esperanza y las necesidades de una masa, por lo general con bajos niveles de educación y altos grados de pobreza.
El régimen de Hugo Chávez es así. Anárquico, totalitarista, manipulador, populista, autoritario, personalista, mentiroso, controlador, alocado, destructor y absolutamente anti democrático. Hugo Chávez es también el segundo autócrata que se ha atrevido a gobernar el país desde el extranjero.

El primero fue Antonio Guzmán Blanco quien gobernó desde París, Francia, no porque estaba enfermo, sino porque le daba un cierto tedio el subdesarrollo de la Venezuela del siglo XIX. 
En Venezuela no existe democracia desde 1999. Los pocos vestigios de democracia y Estado de Derecho que se construyeron en las cuatro décadas de ensayo democrático tras la caída del gobierno militar de Marcos Pérez Jímenez fueron borradas deliberadamente por Hugo Chávez para implantar su proyecto personalista. Desde su llegada al poder, en Venezuela se trastocó el principio de separación de poderes y se manipularon los principios democráticos. 
El poder ejecutivo chavista copó a todos los otros poderes, convirtiéndolos en simples escalones para lograr sus objetivos políticos.  Para nadie es un secreto que el poder legislativo, judicial y electoral están bajo la bota de Hugo Chávez quien utiliza la Constitución y las instituciones como simples instrumentos personales.

En Venezuela, a pesar que la disidencia es mayoría, no existen posibilidades reales de que el gobierno pierda las elecciones. La parcialidad del ente electoral, el manejo del padrón electoral y de las instancias electorales del país a su libre albedrío, hacen más que sea imposible que Hugo Chávez pierda el poder por la vía electoral.
Chávez creó una red de cómplices que componen un aparataje institucional que le permite violar la constitución y permanecer en el poder por 13 años.
Por otro lado, la oposición no estaba acostumbrada a pelear políticamente en un escenario controlado por una sola mano. La corrupción de las esferas del poder y la desunión y poco criterio de la disidencia hace que el panorama político venezolano luzca más complicado. 
Chávez ha hecho lo que le ha dado la gana hasta ahora, y no existen variables que permitan cambiar el panorama por esta vía salvo que no sea la propia ineficiencia, corrupción y mediocridad del gobierno. 
La enfermedad de Hugo Chávez, la ambición de poder de los líderes chavistas y la el fracaso de las políticas económicas y sociales, aunado al caos que ha generado la equivocada diplomacia del régimen son las claves para su posible derrumbe.