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martes, 22 de septiembre de 2020

Las 10 lecciones que dejaron las luchas contra la dictadura venezolana

 Por Maibort Petit 

  Los veinte años de luchas contra la dictadura que ha regido en Venezuela, primero con Hugo Chávez, y ahora con su sucesor, Nicolás Maduro, han dejado una serie de enseñanzas extraídas de conversaciones con expertos que a continuación presentamos luego de analizarlas en conjunto con el especialista en seguridad global, Joseph Humire y con la periodista, Celia Mendoza.

  Se trata de un aprendizaje que es imprescindible implementar a la hora de diseñar las nuevas estrategias que deben emprenderse para derrocar, definitivamente, al régimen criminal de Maduro.

 Primera lección: ¿Hay un chavismo y un madurismo o es una sola ideología?

  La muerte de Hugo Chávez y el arribo al poder de Nicolás Maduro sembró en algunos la creencia de que se trataba de dos ideologías contrapuestas. Una tesis surgida con el intento de excusar de culpas al finado mandatario y achacar la responsabilidad del desastre que hoy se vive en Venezuela únicamente a su sucesor.

 Humire advierte que el propio régimen ha impulsado desde la contrainteligencia una serie de versiones acerca de supuestas fracturas y divisiones en el seno del chavismo. Tácticas distractoras para alejar el foco del meollo de la crisis venezolana. Igualmente, el argumento ha sido usado del lado opositor para darle cabida al chavismo disidente y obtener más aliados en la lucha por la usurpación del poder por parte de Nicolás Maduro.

  Casi de inmediato al fallecimiento de Chávez comenzaron las teorías de conspiración dirigidas a señalar a Maduro como un traidor y a señalarlo como un supuesto conspirador junto a los cubanos para dejar morir al exmandatario. A partir de estas teorías conspirativas comenzó una narrativa de que había gente que creyó en Hugo Chávez, en su liderazgo, pero no en Maduro. Estas teorías son impulsadas, principalmente, por el chavismo subversivo del 4 de febrero de 1992, quienes dispersos por el mundo esgrimieron que chavismo y madurismo son dos cosas distintas.

  Humire advierte que la oposición aceptó a estas personas con el argumento de que estos disidentes tendrían información privilegiada que ayudaría al derrocamiento de Maduro y subraya que “estas ideas que son las que llevaron directamente al 30 de abril, a la operación Gedeón, a varios errores que se han cometido por el origen chavista de esas creencias”.

  En este sentido, Humire sentencia que “nunca hubo esta división del chavismo”, una discusión que se ha dado, incluso, en Washington. Destaca que es difícil creer esta teoría, por cuanto, la propia naturaleza del chavismo hace inconcebible la existencia de una guerra en la que no hay represalias, venganza ni asesinatos, acciones contra ellos o sus familiares o allegados.

  Más contundente, Celia Mendoza estima que la tesis de división de chavismo es un solamente una excusa para poder perdonar a los disidentes. “Esa era la manera de poder salir de la sombra del chavismo con Chávez muerto y utilizarla para irse para el otro lado. Son agentes dobles, pues todavía tienen los principios del chavismo que es lo que propicia el nacimiento del madurismo, porque sin Chávez no hay Maduro (…) Están utilizando la ideología para salvarse”.

  El Departamento de Justicia advirtió al momento de acusar a Nicolás Maduro, de que se trataba de una sola narrativa, un solo régimen. No hay chavismo y madurismo, son una sola cosa. En la acusación se plantean todos los elementos que permiten certificar de que se trata de un proceso que se ha mantenido 20 años, que es una organización, un régimen criminal, una misma empresa, una misma corporación.

  La incorporación de disidentes del chavismo en el movimiento opositor pasa por la evaluación de sus acciones y no sus palabras, pues la reincorporación a la sociedad democrática venezolana debe ser por méritos. Quien cometió delitos debe enfrentar la justicia.

Segunda lección: ¿Las Fuerzas Armadas son un factor crítico para sacar a Maduro del poder?

  Existe la creencia en muchos sectores y es un asunto que aún se discute, de que las Fuerzas Armadas son fundamentales para salir del régimen de Maduro. Esta es una tesis basada en el hecho de que al mantener el gobierno usurpador el control del armamento, el cual está en manos de los militares, por lo que se piensa que, con sólo sumarlos al movimiento opositor, s se arreglaría el problema. Tal pensamiento es errado, pues la fuerza del régimen no está en su equipamiento militar institucional, toda vez que disponen de otros grupos armados, algunos de ellos incursos en actividades ilícitas.

  Al no funcionar la institucionalidad en Venezuela, las Fuerzas Armadas igualmente actúan al margen del deber ser. El hecho de que unos hombres manejen armamento no los hace militares, pues es cuestión de formación. Si las fuerzas democráticas obtuvieran el apoyo de todos los militares, esto no sería suficiente para sacar a Maduro del poder, pues el régimen aun contaría con las milicias, los colectivos y los grupos paramilitares que, muy seguramente, enfrentarían a las FAN que se alcen contra Nicolás Maduro. Hay que tomar en cuenta de que se trata de fuerzas irregulares que, incluso, cuentan con mejor armamento, entrenamiento y preparación para el combate, además de contar con el apoyo obsceno de varios países. Tal situación plantearía un escenario de guerra civil brutal.

  Las Fuerzas Armadas no son un factor crítico y son parte del problema que padece Venezuela. Muchos de sus integrantes están involucrados en narcotráfico, lavado de dinero y otras actividades ilícitas. Además, en el país existe una gran separación histórica entre la clase política y la clase militar.

  Depender de las Fuerzas Armadas para resolver el conflicto distraerá de encontrar el centro de gravedad de este conflicto. Es preciso recordar que Hugo Chávez cambió la estructura formal de la Fuerza Armada y esta dejó de estar al servicio del pueblo y los intereses de la nación. La meritocracia, la educación y el entrenamiento, dejaron de ser el norte de la institución que pasó a estar al servicio del partido de gobierno y del mandatario.

  Es fundamental recordar que en el seno de la Fuerza Armada venezolana nació el Cartel de los Soles, por lo que será sumamente difícil convencer a quienes unas personas que se están enriqueciendo con el narcotráfico y la criminalidad y al mismo tiempo portan uniforme y son los líderes del ejército del un país, de que se sumen al movimiento democrático.

 Las Fuerzas Armadas, pues ya está demostrado, no son fundamentales para hacer retornar la democracia en Venezuela, toda vez que su naturaleza trastocada colinde con el crimen organizado y con aliados internacionales que tienen otros intereses.

Tercera lección: Se requiere una unión política y la inclusión de la sociedad civil para derrocar al régimen.

  En las distintas acciones que, infructuosamente, se han emprendido para derrocar al régimen de Nicolás Maduro, la sociedad civil se ha sentido excluida. Se ha actuado teniendo como actores únicamente a los núcleos políticos, desestimando que un proceso de cambio, en las condiciones y por la naturaleza misma del régimen, requiere que la sociedad civil crea en la opción que hay, se sienta parte y se le hable con la verdad respecto a lo que está ocurriendo.

  En la lucha por la democracia ninguno de los factores es determinante o es único protagonista, sino que es la suma de todo. El problema se presenta cuando se mezcla la política con intereses políticos que pasan a ser objeto de negociaciones que no siempre son transparentes. Si bien la política es el arte de la negociación, en esta deben prevalecer los principios y valores por encima de los intereses personales o de grupo.

  De haber estado liderada la oposición venezolana por la sociedad civil y no por los grupos políticos, probablemente no se hubiera cedido a las pretensiones de algunos actores de imponer sus intereses por encima de los intereses del colectivo, del país.

  Bolivia es un buen ejemplo de ello, así como lo fue en 2007 el movimiento estudiantil que permitió propiciarle a Chávez su primera derrota electoral.

  La sociedad civil venezolana debe reconstituirse y fortalecerse a objeto de adquiera un papel estelar en la lucha democrática. En su relación con el resto de los actores, la educación, la formación y la transparencia son fundamentales para que pueda mantenerse en el tiempo la lucha que, por otra parte, va a ser un proceso largo y difícil. Las promesas falsas o la idea de darle a la gente esperanzas que no son realistas, pueden ser contraproducentes. Se requiere un trabajo político, no solo en la opinión pública y los medios de comunicación, sino en aquellos lugares y sectores del país que se han sentido abandonados por años y que, por ello, se convirtieron en bastiones del chavismo.

Cuarta lección: No enfocarse únicamente en el aspecto criminal del régimen dejando de lado la ideología de la revolución.

  El problema del chavismo es que es un asunto de muchas aristas y a la par de analizar y entender la naturaleza criminal del régimen, es preciso tener siempre en cuenta la ideología que pregonan.

  Es importante que ya internacionalmente se estén utilizando categorías para describir el régimen venezolano como narco estado, estado mafia, estado terrorista, pero esto no es suficiente. Valorar la criminalidad del régimen no puede ser el costo de otros aspectos significativos que no pueden abandonarse, tal es su ideología.

  En primer lugar, hay que tener presente de que, en este régimen, el socialismo, si bien eje fundamental, este se encuentra mezclado con otras corrientes.

  La ideología de la revolución tiene un marco que no es palpable de una forma tangible, por lo que es necesario analizarlo y estudiarlo para entender su psicología. Líderes que, aparte de criminales que buscan el poder, el dinero e, incluso, la fama, tienen otras motivaciones como el deseo de ser ganadores quienes son los que escriben la historia.

 Para ellos es fundamental trascender, no ser unos políticos más, sino de dejar un legado y esto se encuentra arraigado, no solamente en la dirigencia y el alto mando del partido, sino también en la generación joven, lo cual aprendieron del régimen cubano, donde las estructuras académicas fomentan la idolatría a los “héroes” de la revolución.

 El alto mando del régimen está adoctrinado de una forma tan profunda que se sienten seguros de que, indefectiblemente de lo que pase, siempre van a ganar, no se ven como perdedores y realmente creen que tienen la razón y que se encuentran del lado correcto de la historia.

  La dirigencia del régimen, al contrario del criminal común que baja la guardia y hasta retrocede cuando se siente amenazado, son más agresivos cuando se sienten débiles.

 El chavismo debe ser estudiado como ideología mezcla de socialismo, nacionalismo, anti imperialismo, anti sionismo, globalismo y hasta un poco de islamismo. Esto es fundamental para avanzar en el conocimiento del adversario, entendiendo que revertir esta situación será un trabajo que llevará, por lo menos, dos generaciones.

Quinta lección: El mal diagnóstico de los aliados extra regionales, Rusia, China e Irán.

  Bajo la creencia de que Cuba era el principal soporte de la revolución, se desatendió y hasta se ignoró por mucho tiempo, el ascendente que sobre el régimen venezolano tienen actores como China, Rusia e Irán.

  Aún es posible escuchar que China sólo tiene un interés comercial en Venezuela, o que Rusia es un país débil que no tiene intención de penetrar el país, o que Irán es un obstáculo fácil de derribar.

  Lo poco que hasta ahora se conoce sobre estos actores es lo que ellos mismos han tenido la intención de revelar, es decir, no responde a un diagnóstico producto de un análisis serio de la situación.

  Se creía que Rusia tenía interés en el petróleo venezolano y ahora resulta que hay militares rusos en territorio de Venezuela. Además del armamento que han enviado, no solamente a las Fuerzas Armadas, sino también a las fuerzas irregulares que operan en el país. Se negó hasta el cansancio la presencia iraní y ahora el principal tema que se debate es el combustible que la nación islámica envía. Pero además de esto y los supermercados iraníes que ya están operando, es imprescindible centrar la atención en sus ambiciones militares. China misma ha revelado su presencia militar en Venezuela.

  Hay que entender que cuando estos actores hacen estas revelaciones, es porque están listos para actuar y quieren ese tipo de reacción.

  El centro de gravedad de la crisis en Venezuela son los actores externos que están aliados con Nicolás Maduro. Eso significa que el asunto no es únicamente de Venezuela, sino que es un problema global que complica la situación con consecuencias que pueden ser de gran envergadura.

  Esto no significa que Cuba no sea importante, sino que, como Venezuela o Nicaragua, forma parte de las naciones capturadas por el eje del mal.

  Por todo esto es de vital importancia comprender el papel de estos actores extra regionales en el conflicto de Venezuela, sobre todo cuando se piensa en soluciones como la intervención militar que muchos están pidiendo, sin pensar que estos países que tienen un gran poder tecnológico, armamentístico y militar, están presentes en el país brindando apoyo al régimen.

  China, Rusia e Irán tienen un interés colonialista no solamente en Venezuela, sino en toda América Latina. Vladimir Putin tiene un objetivo claro que es ser líder mundial y de allí que haya anunciado que su vacuna contra el Covid-19 se va a comenzar a utilizar a pesar de que no se han cubierto todas las etapas para que pueda ser considerada segura.

  Toda esta situación deja al descubierto el gran vacío que Estados Unidos ha dejando en Latinoamérica. También demuestra un vacío de décadas en torno a la política regional desde los Estados Unidos y que estos países asiáticos se han propuesto llenar.

Sexta lección: La creencia de que Nicolás Maduro es un imbécil. Subestimar al adversario ha sido un gran error en Venezuela. 

  Entender que Nicolás Maduro tiene capacidades no es un elogio, sino una manera de estar claros acerca de saber a quién se debe enfrentar.

  Desestimar las fortalezas de Maduro ha permitido que se mantenga en el poder por años, como también lo hizo Hugo Chávez.

  En Venezuela se quiso hacer un chiste de la llegada de Nicolás Maduro al poder después de la muerte de Chávez llamándolo burro e incapaz. Se partió, por tanto, de una mal diagnóstico del adversario a combatir. Esa retórica no fue buena, no fue positiva. Es indispensable hablar con claridad y decir que se está en presencia de un régimen brutal que está preparado para defender sus intereses.

  Nicolás Maduro ha sido capaz de soportar las crisis del 2014, 2016, 2017 y ahora la de 2019-2020. Además, aunque no entienda algunos temas, ha sabido rodearse de quien lo pueda ayudar. Un ejemplo de ello es el trabajo que Jorge Arreaza ha desarrollado desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde ha tejido una red de alianzas y apoyo al régimen muy grande.

  Maduro ha logrado acercarse y utilizar inteligentemente a aquellos que lo rodean. Si bien desde el punto de vista de la administración pública Maduro se ha convertido en lo peor que ha pasado por Venezuela, respecto a mantenerse en el poder y de lograr sus objetivos, no cabe duda que ha sido exitoso. Uno de los aprendizajes de estos últimos años es entender que Maduro no es fácil de eliminar.

Séptima lección: ¿La Constitución de Venezuela como marco de acción para salir del régimen?

  En Venezuela el estado de derecho no existe y, por tanto, la Constitución es letra muerta. Eso hay que tenerlo claro.

  En Venezuela las reglas del juego están trastocadas. Mientras la oposición pretende advertir las diferentes violaciones a la Constitución que se cometen desde el régimen con el amparo del resto de los poderes públicos, el régimen de Maduro apuesta a reglas no democráticas. La Constitución es solamente una fachada para hacer un show político, para alargar el tiempo, para buscar pretextos, diálogos y discusiones.

  La Constitución y las leyes no existen para el régimen de Maduro, pues para ellos no hay división de poderes, no hay justicia. Ellos s se mueven en el mundo de lo ilícito.

  El régimen de Maduro prostituyó la Constitución de Venezuela y al no cumplirse las pautas de la misma, no hay derecho, garantías, ni posibilidad de vigilar el cumplimiento de las normas.

Octava lección: El costo de mantener el poder por parte del régimen de Nicolás Maduro.

 Se creyó que, cortando los ingresos petroleros del régimen, este caería, lo cual, obviamente, fue un mal diagnóstico.

  Los departamentos del Tesoro y Estado de los Estados Unidos se enfilaron a recortar los recursos de financiamiento del régimen de Maduro, pensando que de esta manera lo desestabilizarían y podría ser derrocado. No tomaron en cuenta que para ellos sólo es importante que sobreviva la cúpula de gobierno.

 Mientras el régimen sienta que puede seguir avanzando en la consecución de sus objetivos, poco le importará si la población en general carece de los servicios básicos.

 Estados Unidos y sus aliados calcularon muy mal, puesto que al régimen de Maduro se le recortaron enormemente las finanzas y, sin embargo, se mantiene en el poder.

  Por otra parte, Maduro y su cúpula cuenta con otras fuentes de financiamiento no lícitas. Es obvio con la situación que ha vivido Venezuela, la hambruna que han padecido muchos venezolanos, el grave estado del país que se cae a pedazos, la crisis humanitaria compleja con una masiva emigración de venezolanos, no han sido óbice para que el régimen se mantenga.

  Las sanciones económicas han funcionado y son importantes, al haber atacado a familiares y entorno, pero al mantenerse su fuente de ingresos irregulares, así como el apoyo de Rusia, Turquía, China e Irán, Nicolás Maduro se seguirá manteniendo en el poder, toda vez no se encuentren absolutamente aislados del mundo, no habrá posibilidad de que den su brazo a torcer.

Novena lección: Enfocarse en el multilateralismo y dejar de lado lo bilateral.

  La oposición cayó nuevamente en el juego de Nicolás Maduro cuando pensó que el multilateralismo podía actuar a su favor.

  Aunque se han logrado algunos avances, como el experimentado en la Organización de Estados Americanos (OEA), el régimen de Nicolás Maduro cuenta con el apoyo de la mayoría de países de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y de grupos como el G67 y el Movimiento No Alineado.

  Del mismo modo, en el Consejo de Seguridad están Rusia y China que siempre brindan respaldo al régimen de Maduro.

   Es casi una misión imposible convencer a países de que se unan en la lucha contra Nicolás Maduro, cuando la mayoría de ellos son aliados del régimen.

  Es preciso volver al poderoso argumento de la soberanía de la república, concebida en 1648. Es necesario recuperar la soberanía de un país que fue secuestrado por entidades ajenas, como Rusia, China, Irán, Cuba.

  La multilateralidad es solo una opción que puede ser efectiva, pero no hay que depender de ella, pues Maduro mismo quiere ir a las Naciones Unidas donde sabe que los números están a su favor. No se puede ignorar que hay 105 que respaldan a Nicolás Maduro.

  Fue así como Venezuela fue electa a integrar el Consejo de Derechos Humanos, sin que privaran como obstáculo las múltiples denuncias de torturas y de violaciones a los DDHH que pesan sobre el régimen venezolano.

Décima lección: Crear falsas expectativas acerca de una solución a corto plazo.

  Es trágico ver la decepción que ahora exhibe el pueblo venezolano luego de que se le presentó un escenario que no era posible concretar.

  Cuando se implementó la estrategia de presión máxima y se instauró el mandato interino del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se formuló una retórica que sostenía que en muy poco tiempo caería el régimen de Maduro.

  Fue un error establecer líneas de tiempo que no era posible cumplir pues esto devino en la frustración de la población.

  Ante esta estrategia de plantear como factible la ruta rápida, entonces Rusia implementó un plan en el que, lejos de contradecir esta creencia, la incentivó mientras a la par sostenía al régimen junto a China e Irán. Desarrollaron una campaña cibernética en la que amplificaron estas falsas expectativas en el pueblo venezolano con lo cual, al no cumplirse los objetivos, se incrementó la decepción e, incluso, un sentimiento antiamericano, haciéndosele ver que Estados Unidos es el culpable del fracaso. 

 Los venezolanos tienen que entender que la salida del régimen es un proceso que va a tomar mucho tiempo y deben condicionar sus mentes para esta batalla.

  La transparencia y la honestidad es vital a la hora de diseñar una estrategia con la gente dirigida al derrocamiento del régimen de Nicolás Maduro.

  El conflicto venezolano es uno de los más complejos de la historia mundial y se requiere una estrategia conjunta, transparente, clara para poder combatir al régimen criminal que gobierna y con el conocimiento de que no se puede negociar con quien es ajeno a la institucionalidad y las normas. Hay que definir los objetivos que se quieren alcanzar y trabajar en conjunto para lograrlos.