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viernes, 3 de marzo de 2017

(PARTE 2) Crónica del pueblo venezolano que fue secuestrado por narcotráfico y la FARC

Por Maibort Petit
@maibortpetit

Casigua El Cubo es, definitivamente, un pueblo sin ley en el que la voz de mando la ejerce la guerrilla colombiana que actúa a sus anchas en la zona bajo la connivencia de las autoridades civiles y militares. Un territorio tomado por el narcotráfico devenido en la principal actividad económica junto al contrabando, los cuales han terminado por dar de comer a una parte de la población sumida, al igual que el resto del país, en una crispante crisis que se traduce en hambre y total desamparo.
Los elevados niveles de pobreza, el hambre y la miseria hacen que los trabajos con las mafias del narcotráfico sea una opción para la población. (foto del artista gráfico Gustavo Baüer)
En esta segunda entrega seguimos haciendo eco a las pocas voces que se atreven a contar lo que allí sucede y que es vox populi, pero todos prefieren ignorar para resguardar su vida y la de su familia. Voces, pues, que las autoridades parecen ser las primeras interesadas en mantener en silencio.

¿Cómo funcionan las organizaciones de las drogas en el pueblo?

Otro de los pobladores que accedió a conversar vía facetime fue Roberto, un colombiano que ha vivido en Casigua El Cubo por más de 20 años. Desde muy joven estuvo en contacto con las organizaciones del narcotráfico y ha podido apreciar cómo las cosas han venido cambiando. “Hoy en día —dice— el negocio se maneja de manera diferente”. En tal sentido, precisa que desde que el gobierno colombiano se vio obligado a desmantelar los grandes cárteles, “las cosas se tuvieron que hacer de otra forma. Se cambió el esquema de trabajo, la conducta de la gente involucrada y se abrieron nuevos puentes directos con la política”. Advierte que las transformaciones que se produjeron dejan claro que ni en Venezuela ni en Colombia ningún político se va atrever a combatir y exterminar la industria más lucrativa que conoce la humanidad.

— Como le digo —acota Roberto— las cosas no cambiaron para mejor. En la medida que los cárteles entraron en una etapa difícil, crearon un nuevo mecanismo de funcionamiento que los llevó a dividir los grandes cárteles en pequeñas células que son más complejas en su funcionamiento, y como tal, cuesta mucho más combatirlas. Le puedo asegurar que hoy en día la industria de la droga produce más dinero que en la época del mismísimo Escobar.

Cuenta que una parte de los cultivos se trasladaron hacia tierras venezolanas y crecieron. La gente de la industria se diseminó en organizaciones muy diminutas, donde los jefes entrenan a los empleados para que entiendan el proceso y cuiden cada uno de los detalles. Hay entrenamiento de los miembros que incluye consejos para responder —de manera eficiente— si llegan a ser capturados por las autoridades que no están colaborando con los capos y sus aliados. Es como si trabajaran en una estructura extremadamente fragmentada, donde hay un número reducido de personas que cumplen un rol específico y siempre tratan de no llamar la atención. Sobre esas personas hay un "designado" que, a su vez, debe movilizarse para comunicarse con el jefe de ruta, que sigue el mismo procedimiento para informar a su superior.

En Casigua El Cubo, al igual que en otros pueblos aledaños a la frontera, funcionan mini células de unas 5 o 7 personas que hacen negocios de menudeo con varios cárteles. Esas mini células establecen contactos con otras redes formales e informales que se juntan para hacer negocios de manera temporal, de tal manera de evitar que sean descubiertos. Se cuidan y planean estrategias tan sofisticadas y cuidadas que suelen incluir lo que en la gerencia se conoce como "un plan de negocios" en el que se establecen elementos que van desde organigramas de rutas seguras para el traslado, hasta la especialización en cada una de las fases de la industria criminal.

De hecho, existen redes que se autodenominan trabajadores independientes, que negocian con los intermediarios, montos pequeños de droga o servicios a módicos precios. Esas personas a menudo trabajan con otras redes de Colombia que a su vez se interrelacionan con las existentes en otros países, con quienes establecen convenios al estilo joint venture para hacer negocios individuales que arrojan reducidas ganancias que terminan siendo atractivas por la frecuencia de las mismas.

Una de las vías que también se usan en los actuales momentos es trabajar al mismo tiempo con varios intermediarios, quienes a su vez manejan pequeñas porciones del mercado. Los cárteles utilizan a redes independientes que venden directo a los mexicanos, quienes cuentan con la estupenda estructura para meter la droga a "la gran meca de la cocaína" que son los Estados Unidos.  

El mercado funciona de tal manera que los cárteles les venden la mercancía a otras organizaciones criminales que garantizan las rutas fronterizas. Con esta tendencia, la industria de las drogas emplea a más gente en labores de intermediación y se difumina un porcentaje de la ganancia pero, al mismo tiempo, se garantiza la complejidad necesaria para que las fuerzas antinarcóticos no logren descubrir los procedimientos que siguen los criminales que introducen la mercancía a Norteamérica. Es decir, la existencia de muchas cabezas que controlan más del 50 por ciento de la droga que entra por la frontera estadounidense, o por vía marítima, hace que a las autoridades se les haga imposible capturarlos. A su vez, la ganancia que produce la mortal mercancía, se reparte en muchas manos que pujan por mantener el bajo perfil y la lealtad como mecanismo de subsistencia.

Los jefes construyen fortalezas con fachadas poco atractivas

Por lo general, los grandes jefes se esconden en fortalezas donde disfrutan de sus grandes fortunas. Se trata de fortalezas que se encuentran bajo el cuidado de hombres armados que disfrutan de algunos privilegios. Son estructuras cuya fachada exterior luce descuidada y fea, como una vieja casa abandonada, pero que en el interior sobreabundan en lujos, caros objetos y espacios donde los capos llevan una vida llena de excesos y lujuria.
La gente calla para evitar ser acribillada. El miedo se impuso como regla en Casigua El Cubo.
La gente no denuncia ni a la guerrilla ni al narcotráfico para no ser asesinada (Foto Gustavo Baüer)
Asimismo, los jefes hacen inversiones fuera de la zona de acción. Por lo general, compran negocios pequeños, bienes muebles e inmuebles en otros estados, tratan de cubrir el manejo de los grandes ríos de dinero en efectivo con una capa de discreción, lo cual garantiza el éxito de la operación de blanqueo de capitales.

Las personas que entran a las organizaciones tienen prohibido mostrar en las redes sociales su "holgura económica". La riqueza la deben gozar a escondidas, fuera del alcance de “los ojos curiosos", en especial de la prensa.


El caso del excomandante de bomberos que puso en jaque a la alcaldesa

Roberto asegura que hubo un caso "que se le escapó de las manos a la alcaldesa y que le costó  su reputación con la guerrilla". Fue la detención  y enjuiciamiento del excomandante del Cuerpo de Bomberos de Casigua El Cubo, municipio Jesús María Semprún del estado Zulia, Anthony Benito Medina Jaimes. Este funcionario de alta confianza de Lucía Mavárez, fue apresado junto a otros cuatro hombres — José Gregorio Quintana Mejía, José Orlando Lozano Achuri, Gregorio Los Santos Prado y Ernesto Luis Prieto Romero — que estuvieron vinculados con el transporte ilícito de 400 sacos de fertilizantes.

El 25 de junio de 2015 en el punto de control de Redoma El Conuco de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) ubicado en el municipio Colón, Medina Jaimes y sus cuatro acompañantes fueron detenidos y acusados por la comisión de los delitos de transporte ilícito de sustancias controladas en grado de coautoría, asociación para delinquir, inducción al soborno y peculado de uso.

En el expediente del caso dice que a las 5:00 de la tarde, Lozano Achuri y Quintana Mejía, se dirigían en dos vehículos con 400 sacos de fórmula 34-14-05 (fertilizantes) hacia la población Casigua El Cubo, cuando al pasar por el mencionado punto de control, efectivos de la GNB los detuvieron para realizar una inspección.

Durante la revisión, los militares se percataron de la referida mercancía, por lo que al interrogarlos por el destino, manifestaron que era hasta un fundo ubicado en esa población.

Los efectivos castrenses procedieron a confirmar la información, pero los dueños del predio indicaron que no tenían conocimiento al respecto.

Minutos más tarde, el excomandante Medina Jaimes se bajó de un vehículo del cuerpo de bomberos en compañía de Los Santos y Prieto Romero, y le ofreció 40 mil bolívares al funcionario de la GNB para que los dejara seguir su camino con la mercancía. Ante tal situación, los cinco hombres fueron aprehendidos y puestos a la orden del Ministerio Público.

Igualmente, se hizo público en una oportunidad el envío hecho desde Maracaibo, de fusiles y armas, y decidieron trasladarlas en las ambulancias pertenecientes a la Alcaldía del Municipio, cuya cabeza, como ya hemos referido es Mávarez.

Lo curioso del caso de Medina Jaimes —persona cercana a la alcaldesa de quien comparte muchos de sus secretos, según afirma Roberto— es que el hombre y sus cómplices fueron trasladados al Municipio Maracaibo para ser juzgados, y por las gestiones e influencias de Lucía Mavárez, el excomandante de los bomberos de Casigua El Cubo fue regresado al Municipio Jesús María Semprún para pagar su pena. "Aquí en el pueblo se le ve los fines de semana bebiendo cervezas y gozando de una libertad que sólo se explica gracias a la impunidad y al sistema de complicidad que existe entre el narcotráfico y el poder judicial", asegura Marcos T, un exfuncionario del gobierno local a quien prometimos anonimato.

Otro testigo, Manuel, asegura ser amigo personal de Anthony. "A él lo juzgaron en Maracaibo, lo sentenciaron a 30 años de cárcel y ya está libre, porque la alcaldesa presionó para que se lo entregaran y pagará la sentencia  en Casigua El Cubo, propósito que logró. Siempre lo vemos por ahí como si nada".

Los empleos mejor pagados

Por su parte, Juan T comenta que las mafias que contrabandean con drogas son las que más empleados tienen y mueven grandes cantidades de dinero, "a veces es tanto que se ven a muchachos con fajos de billetes en los bolsillos".

Asegura que —inclusive— gente ligada a su familia ha trabajado para los cultivos. "Ocurre que no hay trabajo, y los que se encuentran no pagan casi anda. A mucha gente no le queda otro remedio que unirse a las mafias para no morir de hambre. Es como una oportunidad para sobrevivir a la crisis económica".

Dice que en la actualidad los empleos mejor pagados son los de la recolección de las hojas de coca. "Ellos agarran gente del pueblo para llevarlos a Tibú, a unos 20 kilómetros de aquí. Los jóvenes son empleados por los grandes narcotraficantes que les dan comida, bebidas. Sí, todo es gratis mientras trabajan recogiendo las hojas. Muchos se quedan trabajando un mes y medio y luego los regresan y les pagan un millón de pesos al grupo, [una cantidad] que no se los ganan ni trabajando 5 años".

— El gobierno sabe dónde están los cultivos en la zona de Tibú, los sembradíos en las áreas de Palma Diana, Coposa y las montañas. Eso lo saben aquí en Casigua todas las autoridades civiles y militares, pero nadie actúa porque forma parte de la componenda que hay para que el negocio de la droga siga su curso —advierte Juan T.

El mismo hombre cuenta que conoció a una mujer del pueblo llamada Josefina Barrera, "el esposo era jefe de una ruta [y] como no entregó el dinero fueron a matarlo a él y luego a ella. Fue espantoso, pero nadie dijo nada, ni siquiera la prensa".

Juan T asegura que "la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Municipal y la alcaldía, escoltan la droga y se reparten la ruta. Eso me consta [porque lo he visto] personalmente. Los militares tienen sus rutas, los generales 24, en 3 Bocas, donde hay varias rutas. Es tanta la complicidad, que he visto cuando la alcaldía envía comida, medicamentos a los guerrilleros, y paras dentro de las ambulancias de los  bomberos".
"La droga se lleva en las ambulancias y carros de bomberos, camiones de la alcaldía, con el apoyo de los militares", afirma este hombre que según las fuentes consultadas se mueve en los mandos medios.

Juan T explica que las mafias usan la modalidad del sicariato para “acostar al que sobra o traiciona” (darle muerte). Comenta que a un ex-escolta de la alcaldesa de nombre José Antonio Chaparro, lo atacaron dos sicarios cuando ingresaba a su casa en el barrio Las Palmeras 2 y sin mediar palabras le efectuaron cuatro disparos. Eso ocurrió hace meses y aún nadie ha dado explicación acerca de este suceso. “Aquí es así. Nadie habla, todos ven, el miedo es la primera víctima, paraliza a todo el pueblo”.

— Chaparro me había contado —afirma— que los jefes mandaron a acostar a un grupo que trabajaba con la alcaldesa, porque se habían quedado con unos reales. Hubo un pleito grande entre dos bandos y Chaparro dejó de ser escolta de la alcaldesa y prefirió trabajar por su propia cuenta.

Desmovilizar la guerrilla colombiana

Desmovilizar a la guerrilla es una tarea muy difícil de concretar porque hay mucho dinero de por medio y, además, los guerrilleros dominan el territorio del lado venezolano desde hace muchos años con apoyo de las autoridades. 

Casigua El Cubo se ha convertido en una base de operaciones de la guerrilla desde hace muchos años, y hoy en día es clave para sostener el negocio del narcotráfico, dice Carmen, una profesora que trabajó como investigadora en la Universidad del Zulia y ahora vive en Bogotá.

Comenta Carmen, que si bien Venezuela pasó a ser el país más importante para trasladar la droga desde la zona de cultivos y producción a los puertos de embarque (aéreos, marítimos y terrestres), ahora "acá se siembra la coca y se fabrica la droga en los laboratorios que están escondidos en la montaña".

Asegura que hay muchas personas que han muerto para cubrir a la guardia bolivariana y a la alcaldía. "Del lado de la alcaldesa —afirma— hay muchas bajas, por lo general son gente del pueblo que apuntaron al narcotráfico como vehículo para escapar de la pobreza, del hambre y de la miseria".

"Gracias al poder que han acumulado, lograron armar un campamento donde se produce la droga, se distribuye y se coordina todo el negocio. Aquí todos saben, pero nadie dice hace nada. Aquí se ven vehículos de la alcaldía, incluyendo ambulancias, transportando drogas y nadie se atreve a denunciar por miedo a morir acribillado", acota la docente.

Dijo que uno de los campamentos más grandes que hay en Casigua El Cubo está ubicado en la cabecera de Río de Oro, y allí se esconde el jefe de la zona que, por lo general, suele cambiar cada cierto tiempo.

La mujer asegura que el día de las elecciones presidenciales ocurridas en abril de 2013, "me consta que agarraron las máquinas de votación y se las llevaron al campamento y allí votaron los guerrilleros. Recogían gente en Quibú y otras localidades para que fueran a votar. El asunto aquí es que hay un acuerdo y mientras la guerrilla les aporta los votos, ellos deben darles cargos públicos y protección."

Los contrabandistas hacen de las suyas en la zona

En Casigua El Cubo las mafias son variadas. Las de la droga son las más poderosas y violentas, sin embargo, las contrabandistas tiene una parte del poder y son capaces hasta de cambiar militares de sus cargos. 

Con la crisis que vive Venezuela han surgido bandas que contrabandean comida y gasolina. También hay las que se dedican al contrabando de ropa, billetes venezolanos, oro, armas, piezas de carro y otros bienes que se mueven bien en el mercado.

Carmen asegura que conoció en vida al cuñado del director de la Alcaldía de Casigua El Cubo, Jhon Sánchez. “Un día cuando se estaba estacionado frente a un mercado llegaron los sicarios y lo mataron. Nadie investigó el móvil del asesinato, porque la policía sabía que era un ajuste de cuenta por narcotráfico. Jhon Jairo Sánchez era parte de las bandas, solía andar en una moto por las calles del pueblo hasta que lo mataron frente al mercado Los Chinos. Los asesinos le metieron 10 balazos en la cabeza y en el pecho”.

Refiere que ese día el mercado estaba lleno y fueron muchos los que vieron el asesinato, pero cuando la policía del Zulia llegó y preguntó a los testigos cómo eran los sujetos que asesinaron al hombre, todos dijeron que no habían visto ni escuchado nada. Da la casualidad, advierte, que Jhon Sánchez también trabajó como escolta de la alcaldesa Mavarez y era el cuñado del director de la alcaldía, Aureliano Sierra.

La Guardia detuvo a unos guerrilleros y
 luego los soltó

Una nota publicada por el Diario la Verdad, escrita por el periodista Juan José Faría, cuenta que cuando las Fuerzas Armadas Nacionales detuvieron a 10 extranjeros por los conflictos ocurridos en la frontera. La nota refiere que las autoridades iban a determinar si existía vinculación entre estas personas y guerrilla. Se estableció, que el comandante "Abigail" sería uno de los más poderosos insurgentes en sector de Casigua El Cubo.

Más adelante el periodista cita las declaraciones de un abogado del municipio Jesús María Semprún, quien denunció que la presencia de la guerrilla colombiana en suelo zuliano es una situación vieja y un tema que todos saben, pero del que nadie habla. "Están por todos lados. Ellos son la ley. No secuestran a nadie, pero controlan todo".

Señala que los guerrilleros llegaron al poblado desde hace algunos años. Se instalaron allí desde que el conflicto armado los obligó a dejar las selvas colombianas. "Junto con llegar les dieron cédula venezolana y está aquí, como si nada". 

Más adelante destaca que "algunos pobladores vincularon a la alcaldesa Lucía Mavárez con los insurgentes. Pero nadie dice nada porque varios de ellos trabajan para ella y la cuidan".

Las denuncias son variadas. Según la fuente, en Casigua El Cubo existe un sector llamado El Paseo de la Gracia de Dios, donde están varios comandantes guerrilleros en un pequeño espacio. "La presencia es tal que los pobladores saben identificarlos. Están los milicianos. Así llaman a los informantes. Ellos ven qué está pasando en el pueblo y se van a El Cruce para contarles a los comandantes".

El principal objetivo es sembrar el terror con su presencia. Además de los pueblos más cercanos a Colombia, están en pequeñas islas que se forman en el río Catatumbo. "Allí forman cambuches y varios de ellos han sido desmantelados por el Ejército. Es allí donde encuentran los laboratorios de droga".

La actividad económica de los guerrilleros depende del tráfico de gasolina y el traspaso de droga. "No secuestran. Ellos más bien buscan a los secuestrados, porque son los paramilitares quienes se llevan a los ganaderos. A un guerrillero se le puede contratar como sicario o para cobrar alguna deuda", dice la reseña de prensa.

Conflictos

Entre los guerrilleros existen conflictos en los que nadie se mete. Hace un año asesinaron a la comandante "Yadira", en El Cruce, un pueblo cercano a Casigua El Cubo. Le dieron siete balazos en la cabeza por un alijo de droga que se perdió. Un poco antes, y según la fuente, el comandante "Abigail", con su propia arma, acribilló al comandante "Idael" y a su miliciano, "Gordo Urdaneta", por el mismo motivo por el que asesinaron a "Yadira". 

"En eso nadie se mete. Eso es problema de ellos. Eso no tiene nada que ver con nadie". Pero la sola presencia crea miedo. Una profesora tuvo problemas con un vecino y bastó la visita de uno de estos insurgentes para que terminara todo. "Le dijeron que la iban a matar, así que ella perdió el pedazo de tierra que estaba peleando", señala el reporte del Diario La Verdad.

Actividad económica

Los guerrilleros que hacen vida en la zona, custodian el tráfico de gasolina desde esa zona hasta La Pista, en el departamento colombiano de Norte de Santander. Por allí también trasladan la droga. 

"A ellos les pagan los ganaderos para que los cuiden. Son como una aseguradora. La sola presencia intimida. Nadie va a confirmar la presencia de ellos porque les da miedo". Asegura que la mayoría de ellos, por tener cédula venezolana, tienen comercios legales y han hecho plena vida en el Sur del Lago. 

Paramilitares

Los paramilitares también tienen su presencia en la región, algunos están en Casigua El Cubo, pero hay muchos en el sector El Guayabo, en el municipio Catatumbo. A ellos sí los señalan de secuestrar a productores agropecuarios y sembrar el terror. "Los paramilitares no pasan a El Cruce y los guerrilleros no llegan a El Guayabo. “Nunca ha pasado que se matan, pero sí hay cierto respeto". La nota del Diario la Verdad se puede leer completa aquí.

La alcaldesa no la toca nadie

Todas las personas que entrevistamos para esta entrega coinciden a que la alcaldesa, Lucía Mavarez, representante del PSUV no la ha podido mover nadie del puesto desde que llegó en 2008. Según cuentan, la alianza con la guerrilla y las mafias de la droga le garantizan su posición política.

En las elecciones de 2013 ganó con 4.544 votos, y de acuerdo a las denuncias a baja voz, una parte de esos votos vinieron de la guerrilla que tiene cédula de identidad y están inscritos en el CNE. Los candidatos que le disputaron el puesto como Gustavo Díaz o Gregorio Ramírez no consiguieron su objetivo. Las alianzas pesan a la hora de decidir quién es el alcalde de este pueblo donde reinan las mafias, dijo Jesús, un hombre que trabajó en la campaña y dice conocer la razón por la cual las elecciones son un mero brochazo de legitimación. 

En medio de este clima, Casigua El Cubo se erige como un bastión del narcotráfico al amparo del poder político y la guerrilla colombiana que, al parecer, llegó para quedarse e imponer su ley en este pueblo olvidado en los confines del sur del Estado Zulia.


























martes, 28 de febrero de 2017

Crónica del pueblo venezolano que fue secuestrado por el narcotráfico (PARTE 1)


Por Maibort Petit
@maibortpetit

Por dos años le insistí a uno de los hombres que mejor conoce Casigua El Cubo para que me permitiera acompañarlo en su viaje. Suele venir a los Estados Unidos una vez al año, y  cada vez que nos vemos, me cuenta historias increíbles que ocurren en ese espacio geográfico ubicado entre Colombia y Venezuela. A mediados del 2016, le dije que estaba lista para viajar, pero se negó a la vez que me advirtió que la zona estaba demasiado peligrosa, y que no me garantizaba ni la entrada ni el retorno. 
Luego de una discusión, se nos ocurrió que mi visita se hiciera a través de un Ipad, y gracias a la tecnología satelital pude conversar con los pobladores de Casigua El Cubo en tiempo real, vía facetime. Con el dispositivo en sus manos, José me fue mostrando cada lugar del pueblo que lo vio nacer. Fueron tres días de trabajo. Grabamos 20 horas de vídeo para lograr obtener la información que presentaremos en esta crónica que pretende explicar, a través de las voces de los protagonistas, cómo Casigua El Cubo fue secuestrado por el narcotráfico y la guerrilla colombiana. 

La llegada

Una buena parte de las calles están llenas de arena. Un calor infernal recibe a los pobladores desde bien temprano en la mañana. Casigua tiene una extensión de unos 5.845 kilómetros cuadrados donde viven unos 23 mil habitantes. Es un pueblo pintoresco, donde las personas experimentan a diario una metamorfosis, que a diferencia de la de Franz Kafka, les ha trastocado el alma. 

Ubicado al sur del lago de Maracaibo, Casigua El Cubo es la capital del Municipio Jesús María Semprún, a orillas del río Tarra. Cuando se camina por sus polvorientas calles se puede apreciar las ridículas diferencias que conviven en aquel lugar terrenal que, a veces, pareciera ser el centro del olvido. El ayer —sin embargo— permanece plasmado en la memoria de su gente, que en su gran mayoría se resiste a la transfiguración que trajo la guerrilla colombiana y el narcotráfico a la zona.
El río Tarra no tiene aguas cristalinas, es arenoso y caliente.
A lo largo de los siglos XIX y XX, Casigua El Cubo era una zona rural, tierra de los Barí y los Yukpa, etnias indígenas que transmutan en estos días entre el caos y el ostracismo. Por su cercanía a Colombia, en el pueblo reina el conflicto desde hace varias décadas. Antes de la División Político-Territorial del Zulia del año 95, pertenecía al Municipio Catatumbo y se convirtió en un centro de negocios de segunda clase.
Tras el descubrimiento de petróleo en los Campos West Tarra y los Manueles se potenció la economía de la población y empezó la gran transmutación que, con los años, lo arrastró al actual escenario donde se confunde la realidad con la fantasía y, donde la pasmosa cotidianidad, impulsa sin desenfado a los narcotraficantes —criollos y foráneos— a acomodarse en enormes fortalezas, llenas de lujos y caprichos, que hacen que los menos afortunados aspiren a beneficiarse del reino del polvo blanco, de la goma del opio. Sí, muchos de los niños y jóvenes que deambulan por los caminos de tierra que se entremezclan con las calles recién asfaltadas del pueblo, sueñan con ser parte de esa empresa poderosa, cuyos protagonistas se viste con camisetas Hugo Boss y se esmeran en enviar al imperio lo mejor del producto semitransparente que conlleva al éxtasis a millones de personas.

El primero en atreverse hablar fue Ramón. Me adelantó que en aquella geografía delincuencial los testigos incómodos no eran bienvenidos. Me dijo que el pueblo es una zona prohibida donde se materializan las peores prácticas criminales. Ramón es el tío de mi guía. Sólo sabe que Estados Unidos es una especie de meca a donde los empresarios de la amapola se esmeran en enviar su mercancía. Tiene unos 60 años y mide aproximadamente 1,65 metros. Siempre ha vivido en Casigua y sus viajes se limitan a la frontera colombiana donde suele ir con frecuencia a buscar los productos que  escasean en las estanterías de las tiendas locales. Su pelo canoso y despeinado, lucía aceitoso y maltratado por el sol. Sus manos resecas y venosas mostraban los años de trabajo y la falta de cuidado.

Luego de recordarme unas cinco veces que los que hablan salen acostados, refiriendo con ello que en Casigua el miedo se impuso hace años. "Aquellos que se atreven a decir lo que ocurre se enfrentan a una condena capital de inmediato. Aquí no se salva nadie, mija. Hasta la alcaldesa, que es la jefa de los narcos, lleva plomo cada vez que no cumple con su cuota". Fue así como empezamos la inusual conversación que duró más de dos horas, bajo un árbol medio seco. José y Ramón se sentaron en unas banquetas y bebían unas cervezas marca Regional, que consiguieron en la choza de la esquina.

Ramón confesó que Casigua era un pueblo tranquilo en los años ‘70. "Había trabajo, paz y la gente tenía más confianza", acotó. Pero las cosas empezaron a cambiar para mal cuando el gobierno de Colombia se juntó con los gringos para luchar contra las drogas y la guerrilla empezó a pasar el río. Poco a poco, los camuflados comenzaron a verse caminar libremente por el pueblo. Al principio cuidándose de que no fueran advertidos pero, luego, fueron tomando notoriedad y, hoy en día, son los dueños del lugar, los mandamás que deciden hasta sobre la virginidad de las niñas y el cariño de las mujeres propias y extrañas.
Dijo Ramón que los guerrilleros pasaron a ser los dueños de la ciudad. Alardean con el dinero, son generosos, pagan buen salario y si se les garantiza fidelidad hasta te cuidan de los otros bandos. “Se han convertido en los líderes que mandan hasta a los militares venezolanos, que en su mayoría pasaron a ser sus empleados. Esos [la guardia nacional] —enfatiza— sí que han aprovechado el cambio, no ves a ninguno de los verdes sin un fajo de dólares en el bolsillo, buscando los mejores c... para pagar fortunas por ellos. Acá mismito hay un bar donde se juntan muchos de ellos, beben whisky del bueno, y se comen a las niñas y jovencitas, que en oportunidades sus propios padres venden para lograr, no sólo el sustento, sino la protección del jerarca”. 

Los muchachos de 14 y 15 años desfilan frente a los "jefes" tratando de llamar su atención. Hay muchos que aprendieron a manejar el miedo y, alebrestados, piden sin pudor pasar a formar parte de la mafia que les garantizará dinero fácil y emociones adulteradas. "Y es que, ¿quién va a querer trabajar aquí por un sueldo mínimo?. Eso ya no alcanza pa' nada. Aquí el asunto es que los reales no dan para comer y ya la juventud no quiere trabajar como antes. Prefieren dedicarse a traficar y a mulear. Unos se van allá en la montaña a trabajar en los laboratorios. Cuando aprenden a hacer la mercancía ya tienen trabajo y real en el bolsillo. Pero debes, a cambio, dejar tu alma como garante de tu silencio absoluto".

Hay otra gente —me asegura— que anda con miedo todo el tiempo. “Los ves con sus bolsos agarrados como si fueran un bebé, mirando a todos lados con nervios, incapaces de pronunciar una palabra si uno se les acerca a preguntarles algo... andan deambulando sin rumbo por las calles del barrio”. 

En los últimos tiempos, Casigua El Cubo se ha llenado de prostitutas que vienen de todos los estados a buscar dinero o “billetes”, como refiere Ramón. Las más osadas se saltan para el otro lado y hasta se quedan allá por varios días. “Usted ve esas muchachas bonitas, paseando por aquí y por allá buscando al mejor postor para vender sus favores. A los colombianos les encantan las venezolanas porque son bellas y baratas, además de cariñosas y desenfadadas”. 

¿Y qué pasa cuando la policía bolivariana o el ejército descubre a un narcotraficante poderoso o a sus empleados llevando drogas? —le pregunté.

— Ah, eso nunca pasa aquí. Porque los narcos le pagan a los militares para cuidar su mercancía y les pagan muy bien. Aquí la guerrilla y los narcotraficantes son socios de los políticos y se cuidan las espaldas todo el tiempo  —advirtió.

¿Y si hay alguno que reporta porque no está en la camada?

— El que ose hablar le puede ir bastante mal. Conocí a varios que hablaron y ya están enterrados —sentencia.

Se tomaba la tercera cerveza mientras seguía conversando. Ramón asegura que a pesar de haber nacido en Casigua ya no reconoce a su pueblo, ni a los vecinos. "Hasta hace pocos años aquí se podía vivir. Teníamos problemas pero se superaban. La gente confiaba y trabajaba para ganar su sustento de manera honesta. Los jóvenes iban a la escuela y querían echar pa‘lante. Pero ya no. Ahora sólo quieren ser narcos y trabajar para los cárteles".

Casigua El Cubo se encuentra a 10 kilómetros de la Troncal 6, una carretera que conecta a las otras poblaciones vecinas como Machiques. Tiene un aeropuerto, El Cubo, ubicado en el Batallón de Ejército “Celedonio Sánchez” y, según nos informó J. Pérez, hay también varias pistas clandestinas de donde a diario salen avionetas repletas de drogas rumbo a Centroamérica.

La economía

Casigua El Cubo tiene una economía tradicionalmente petrolera, maderera y pesquera, aunque también predomina la producción ganadera, agrícola, procesadora de lácteos y la planta aceitera. No obstante, la industria más próspera en esa población es la producción de cocaína y el transporte de la misma por vía terrestre, marina y aérea.

La guerra de las mafias

La alcaldesa del Municipio Jesús María Semprún del estado Zulia, Lucía Mavárez, es percibida por las personas con las que conversé como una aliada de las mafias que reinan en Casigua. Aunque no hay denuncias formales de su participación directa, ni prueba en los tribunales que evidencien que sea una aliada de la guerrilla o el narcotráfico, todas las personas que entrevisté dijeron que estaban seguros que la mujer tiene supuestos vínculos con las organizaciones criminales que operan en la zona. Enumeran una serie de eventos que han ocurrido y que han dejado muertos, heridos y desaparecidos. Asimismo, reseñan el flujo de dinero en efectivo que se mueve en la municipalidad y la ausencia de respuestas por parte de la funcionaria y su administración.

Nos enteramos que un sujeto que era de su entorno reportó a las autoridades antinarcóticos colombiana la supuesta relación que existe entre el narcotráfico y el poder político de la zona. Eso ocurrió en 2014 y desde esa fecha nadie más lo vió en el pueblo. Supimos también que su nombre de la alcaldesa aparece en dos informes de inteligencia del Catatumbo. La funcionaria nunca ha sido acusada formalmente de ningún cargo. 

Atentados y sicariato

Alberto C. aseguró que la burgomaestre ha sufrido varios atentados que la prensa ha disfrazado, pero que resultan ser el resultado de sus supuestas alianzas con los jefes de las rutas que defienden como fieras los caminos que sigue la droga para abandonar con éxito el territorio venezolano para llegar al norte.

El 21 de enero de 2015, Mavárez sufrió un atentado en su propia casa. Dicen los reportes que fue víctima de las mafias del contrabando. "Un grupo de hombres tiroteó la vivienda de la alcaldesa, ubicada en el sector Campo E’Lata en la entrada a Casigua El Cubo. De este incidente, tanto la funcionaria como su progenitora salieron ilesas y, a pesar de que funcionarios del SEBIN y CICPC realizaron las experticias correspondientes a la escena, no llegaron a ninguna conclusión". Dijeron que fueron los contrabandistas de gasolina y alimentos en la zona que actuaron en venganza por las acciones de Mavárez, "pero la verdad es que fue el jefe de la ruta que buscaba el pago de la mercancía", dice Pérez con una voz pausada y temerosa. "Nadie quiere denunciar porque tienen miedo", acota.

A pesar de esas reseñas de prensa y de los testigos que estuvieron en el lugar, Lucía Mavárez dijo al medio QuePasa que en ningún momento efectuaron un atentado en su contra. «En mi casa no hay balas, nadie hizo ningunos tiros, lo único que hicimos fue probar una pólvora», refirió.

He aquí el texto en cuestión: 

Mavárez puntualizó que el pasado martes por la noche ella, un grupo de funcionarios y escoltas probaron algunos fuegos pirotécnicos que estaban resguardados en cajas y aparentemente creían estaban mojados, en su residencia en Campo de Lata, en Casigua-El Cubo. Los mismos serían usados en el festival Río de Oro, donde habrá representantes de Venezuela, Colombia y otros países.

La detonación de los pirotécnicos, recalcó, desató un estruendo en toda la cuadra donde ella pernocta desde el pasado 5 de enero. «La comunidad comenzó a circular fue rumores y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) se acercó ayer en la mañana a verificar si todo era cierto, pero gracias a Dios todo es falso», dijo.

«Seguiremos trabajando por la revolución, profundizando los distintos frentes de trabajo, articulando lo que debamos para seguir llevando atención a las comunidades», dijo Mavárez, quien no descartó sean factores de oposición los que haya expandido la información tergiversada.

No es la primera vez que la alcaldesa Lucía está en el ojo del huracán y es expuesta a través de los medios, entre ellos: supuestas vinculaciones del pasado, así como el accidente vehicular sufrido en una ambulancia cuando llevaba a un sujeto abaleado.

También fue asediada por contraer matrimonio en Mérida sin dejar de lado su más reciente lesión en la columna, que la mantuvo inmóvil por varias semanas; todas han sido situaciones dadas a conocer en las redes sociales, por cuanto la detonación de pólvora no sería la excepción.22 de enero, 2015.

Balas por doquier

Otro evento que fue objeto de habladurías en el pueblo fue el hecho de que el hijo de la alcaldesa de Semprún, Luis Alberto Villamizar Mavárez, baleó a su escolta,  Anthony Ardila Vera, y lo envió al hospital. El asunto quedó reseñado en la prensa local el 13 de marzo de 2013, como un hecho presuntamente pasional no aclarado por las autoridades policiales. El hijo de la alcaldesa tiene credenciales de la policía municipal.

La prensa reseñó que la burgomaestre de Jesús María Semprún se hizo cargo de todos los gastos que ha representado la reclusión en una clínica de Ardila y que nadie fue preso por el incidente. “Así es aquí, el poder se cubre la espalda y el silencio se paga a un alto precio”.

La alcaldesa denuncia a los paramilitares

Mavárez llegó al poder en 2008 y en 2009 dijo en la Asamblea Nacional que Municipio Jesús M. Semprum estaba tomado por paras. No obstante, nadie hizo nada y la denuncia no volvió a repetirse ni siquiera en la prensa. 

Una reseña de prensa dice lo siguiente: 

La alcaldesa del municipio Jesús María Semprum, Lucía del Carmen Mavárez, denunció ayer ante la Comisión de Política Interior de la Asamblea Nacional la presencia de paramilitares colombianos en la zona, específicamente en Casigua, quienes en complicidad con funcionarios de la Policía Regional, operan una mafia de extorsión, sicariato y cobravacunas.

“Es un municipio que de alguna manera está muy tomado por los paramilitares y que desde ese humilde pueblo estamos resistiendo. Este tipo de grupos están operando en nuestro comercio cobrando vacunas, presionando a toda la colectividad para ellos cada día tomar más posesión de nuestro municipio”, argumentó la alcaldesa Mavárez ante los diputados.

La vicepresidenta de la Comisión de Política Interior, diputada Iris Varela, calificó de “muy graves” las denuncias presentadas por la funcionaria, ya que existen videos, fotografías y documentos que certifican la presencia de paramilitares en el Sur del Lago de Maracaibo.

“La propia alcaldesa fue amenazada con una pistola en su casa y eso amerita que uno lo pase a los organismos de investigación de Estado y que se determinen responsabilidades de manera urgente”, dijo la diputada tachirense.

Varela acusó a la Policía Regional del Zulia “de servir como custodio de los paramilitares y el narcotráfico en ‘Jesús María Semprum”.

“Una de las cosas graves que ha dicho la alcaldesa, por ejemplo, es que todo el mundo en ese pueblo se conoce, se dan cuenta cómo va la Policía Regional prácticamente abriendo y detrás los paramilitares, los cobradores de vacunas y los jíbaros que venden la droga. Les llevan como un anillo de seguridad para que hagan de las suyas en el municipio y regresen sanos y salvos a territorio colombiano”, dijo Varela.

Ante esta situación Varela informó que ya conversó con el ministro de Relaciones Interiores y Justicia, para que todos los organismos del Estado hagan presencia en el municipio que a su juicio debe tener mayor seguridad por delimitar con territorio colombiano. Ver reseña aquí.

De esas denuncia no se produjo ninguna investigación ni acción. Solo una acusación por los medios contra el exgobernador del Zulia, Pablo Pérez que no pasó a más.

Las cuotas de la guerrilla

Pedro P. es un hombre que suele no hablar con la gente. De hecho es reservado y muchos le temen por los misterios que parece tener guardados en lo más profundo de su ser. José, mi guía,  llegó a una casa del barrio Las Palmeras que de no ser porque la pude apreciar a través del facetime hubiese jurado que no existía. Era una mañana soleada y por la ventana hecha con latas de zinc se colaba una luz lánguida que convertía la escena en un ambiente tenebroso. 

Lo primero que dijo Pedro es que las paredes en el pueblo tienen oídos. Empezó narrando su experiencia personal con la guerrilla. "Ellos están acá desde hace mucho tiempo. No fue con los chavistas que llegaron. Lo que sí ocurrió bajo el gobierno de Chávez y de Maduro es que se ampliaron la rutas, se mejoraron los sistemas de protección y lograron acuerdos que antes no podían llegar a pensarse".

¿Cuáles acuerdos?, —pregunté.

— El jefe de la guerrilla llegó acuerdos con las autoridades civiles y militares venezolanas de acá del municipio. Hay una cuota especial que se le exige a la alcaldesa de Semprún que equivale que un 25 por ciento del personal de la alcaldía. Ellos cedieron y los enviados de la guerrilla trabajan en la municipalidad por órdenes del jefe. La alcaldesa tiene una ruta que domina y cuida. Ella con el comando militar le ofrecen protección.

Intentamos averiguar con gente de la alcaldía pero fue imposible contactar a alguien que pudiese confirmar o negar la versión, y a la vez, garantizar la seguridad del guía que hizo posible esta crónica.

Este pueblo se ha transformado tanto que ya la gente no se asombra de lo que ocurre. Pedro recuerda que hace unos meses atrás hubo un atentado y, a pesar que el hombre tenía 30 escoltas, hubo un muerto, pues el jefe colombiano quería matarlo por un problema con una ruta.

Bajo los acuerdos, los involucrados se respetan. Cuando alguien deja de hacerlo y pretende sacar a uno de los protegidos del juego, “lo terminan de inmediato” [lo asesinan].

Pedro hacer referencia a un caso que, según él, llamó la atención, cuando dos sujetos en una moto le dieron muerte a Antoni de la Consolación Ardila Vera, cuando se encontraba frente a su residencia  en la calle principal del sector Propatria, en el municipio Jesús María Semprún. “Varios del grupo que se encargan del narcotráfico en la zona saben que cuando estorban ya son cadáveres, y actúan como tales a pesar que siguen vivos” acotó.

Hay un hombre que vive con el alma en pena. J. Salas cambió su alma por una montaña de dólares. Es tal la agonía que tiene que no pasa un día en el mismo lugar para evitar que lo agarren. Su madre vive en las penumbras del miedo y acuchillada por el dolor de ser rehén de los narcos.

La organización

Los "jefes" colombianos tienen, a su vez, un jefe en Casigua El Cubo nombrado desde Colombia. Si este sujeto “se pierde con el dinero”, lo buscan a donde quiera que esté para matarlo. Durante el año 2016 mataron a tres jefes locales. Uno de ellos desapareció con el dinero de la venta que tenía que entregar a su comandante y los sicarios lo mataron junto a su esposa. Los victimarios exigían que les regresaran el efectivo del que se habían apoderado y al no obtener respuesta, sencillamente los mataron en presencia de sus vecinos, quienes debieron contener sus emociones de terror.

Casigua terminó por convertirse en tierra fértil para los cárteles. Es, además, un lugar privilegiado para las pistas clandestinas que han aumentado enormemente en la última década. Son muchos los reportes que señalan cómo se produjo el incremento del tráfico aéreo desde la frontera venezolana, donde el país aparece con una posición privilegiada para la producción y el transporte de la cocaína que es llevada a Centroamérica como zona de tránsito hasta su destino final en los Estados Unidos y Europa.

Alberto es otro habitante que aceptó hablar con nosotros. Por años ha estado al tanto de las tácticas que usan las organizaciones criminales para manejar su negocio. Este hombre de los 45 años asegura que la creatividad de los narcotraficantes no cesa a la hora de idear fórmulas que les permitan realizar el desplazamiento de la mercancía sin ser detectados. “Esa gente ha desarrollado distintas estrategias y grupos aliados en el pueblo. Muchas veces usan vehículos, camiones militares, ambulancias, carros oficiales y las avionetas que son las más efectivas. Allí llevan la droga en pequeñas cantidades, por lo general no excede los 100 kilogramos”.

Cuenta como uno de los jefes le explicó que embarcaban pequeñas cantidades y realizan numerosos viajes, puesto que de esa manera se pierde menos mercancía cuando es interceptada.

Alberto también se refirió al hecho de la proliferación de pistas clandestinas de donde salen avionetas casi todos los días. Los narcos aprovechan las carencias en la vigilancia de los radares que existen en la zona, así como la complicidad de las autoridades para realizar el mayor número de vuelos diarios. Por lo general no hay recursos logísticos y técnicos suficientes para detectar aviones pequeños y, casi siempre, carecen de capacidad para detener los vuelos ilícitos que suelen aterrizar en otras pistas improvisadas en las zonas de recibimiento en las selvas de Honduras y Guatemala.

Cuenta Alberto que los jefes contratan a los muchachos del pueblo para construir las pistas aéreas clandestinas, las cuales se hacen con mucha facilidad, tienen una anchura de entre 80 y 100 metros y una longitud que, en algunas ocasiones, alcanza hasta 1.500 metros o más. Desde esas pistas ocultas en el monte salen pequeñas avionetas que pueden transportar hasta 300 kilogramos de droga por viaje. Los jefes pagan al dueño de la tierra y a los trabajadores que las hacen, son económicas y “la inversión” la recuperan en el primer viaje.

La industria de la droga es la que más dinero produce en Casigua El Cubo. Definitivamente, el narcotráfico no sólo es una actividad ilegal y delictiva, también es una forma de vida. Muchas familias de esta zona trabajan en los laboratorios o como “mulas”, transportando cocaína como la única forma de subsistir. La población Barí también se ha sumado al negocio de la droga, aceptando llevar pequeñas porciones o trabajando para el jefe de turno. Cuando los niños y jóvenes se involucran lo hacen únicamente para ganar dinero para poder vivir.

Muchos habitantes creen que el dinero de la droga ayuda a muchas familias a sobrevivir y genera beneficios a la comunidad, aunque reconocen que la industria criminal viene acompañada por la violencia que deja a su paso muchas muertes y destrucción.

En Casigua El Cubo se sufre la presencia y acción de los cárteles y la guerrilla colombiana y, además, de las pandillas de jóvenes que por lo general son muchachos pobres que se engolosinan con el dinero fácil. Los miembros de las pandillas los conocen en la comunidad, saben quiénes son y de dónde vinieron. Los jefes locales, por el contrario, son un poco más reservados, tratan de mantener bajo perfil y prefieren la clandestinidad que el reconocimiento de los pobladores.

Alberto advierte que en los laboratorios que montaron los guerrilleros en la montaña se puede procesar hasta una tonelada de cocaína mensualmente. La aparición de estos laboratorios hace que el protagonismo de Venezuela en la industria del narcotráfico haya aumentado, puesto que antes el país era sólo un paso de la mercancía, pero en los últimos años se ha convertido en productor oculto de sustancias controladas.

Un informe del gobierno norteamericano sostiene que el 40 por ciento de la cocaína mundial, unas 140 toneladas, se trafican por esta ruta. Los medios de transporte son muy variados, desde correos humanos, envíos disimulados entre mercancía lícita, pasando por envíos postales tradicionales, droga camuflada en vehículos por la frontera e, incluso, submarinos que algunos narco poseen para el transporte del costoso producto. La rentabilidad del tráfico ilegal de cocaína explica que se inviertan tantos esfuerzos en mantenerlo, puesto que se trata de parte más productiva de la cadena. En esta etapa es donde se queda el 98,5 por ciento del dinero, mientras que el cultivo solo retiene el 1,5 por ciento.

Las autoridades de Estados Unidos estiman que la cocaína es sacada de Colombia por el Pacífico o por el llamado corredor del Caribe, es decir por el litoral norte de Colombia y Venezuela y es allí donde las poblaciones fronterizas participan en la industria. 

El efecto de este tráfico es dramático. En Casigua El Cubo, además de la lucha entre las bandas, los jefes de cárteles de la droga protagonizan su propia confrontación, la cual ha dejado muertos y ha sembrado el miedo que se ha instalado en la mente de los residentes  a quienes en solo unos años, el lugar donde nacieron se les ha hecho irreconocible. Nadie en el pueblo se imaginaba que la situación geográfica los iba a convertir en tierra apetecible de las mafias que deambulan a diario para buscar las vías más novedosas y expeditas para sacar esta mercancía del horror.


En el pueblo se rumora que la droga se va al norte, a donde hay muchas almas agobiadas esperando el polvo mágico que les permite abandonar su realidad por unos minutos. Son muchos los informes que aseguran que en Estados Unidos, el consumo de drogas se convirtió en un problema de salud pública de primer orden y es por eso que la nueva administración del presidente Donald Trump colocó el asunto como un tema prioritario de gestión. 

En 2009, un informe del Congreso de los Estados Unidos dijo que de 2004 a 2007, la cantidad de cocaína exportada de Colombia a través de Venezuela se había cuadruplicado, alcanzando el 17% del comercio mundial de cocaína en 2007. El contrabando de cocaína creció en Venezuela en la década de 2010, pasando de alrededor del 25% de la cocaína de América del Sur que venía del campo en 2010 y aproximadamente 33% en 2015. En el 2016 se estima que los número se hayan incrementado sustancialmente aunque hasta este momento no se conocen las cifras.

PD.

Esta es la primera parte de la crónica. Se usan nombres ficticios para proteger la vida los protagonistas que aceptaron a conversar sólo bajo la garantía que sus nombres fueran reservados y presentados anónimamente. Las grabaciones de sus voces sirven como pieza de investigación y su privacidad está garantizada por las normas de protección de la fuentes periodísticas.